domingo, 4 de diciembre de 2016

1843

Si vienes y me besas sosteniendome suavemente de la cintura no sabre que hacer, así que no haré nada.
Si vienes, me miras, y me golpeas no sabré qué hacer, así qué no haré nada.
Si vienes y sin mirarme me rebasas no habrás hecho nada. Y frente a esa nada tampoco sabré que hacer. Solo aquí, solo así, quedará patente mi vacuidad.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El agujero negro del ser humano

De aquí a un tiempo atrás vienen retorciendome una serie de dudas metafísificas, de aquellas que okupan plenamente el alma y que, sin embargo, no caben en ningún otro sitio.
Esto lleva a pensar que no existen. El alma no existe, asi qué, dime,

        ¿dónde queda lo que guarda?

Matemáticas aplicadas

Las matemáticas sí son útiles. No sé en que momento de estupidez transitoria me autoconvencí de su falta de dimensión humana. Pero lo cierto es que sirven como medio para construir e investigar sobre un sin fin de innumerables. Y para analogías. En esto último son también muy útiles. Quiero decir, imaginemos una función creciente, una parábola: una parábola creciente que representa el tiempo (x). Tiempo y otra serie de cosas (y), cosas que suman y que lo abarcan todo: que son risa, y sexo, y bronca, y golpe, y medias sonrisas, guiños, pipas, parque, frío.
Nah, no es que sumen, es que elevan y como no puede ser de otro modo, la función crece, exponencialmente, hasta llegar al punto de inflexión, que aparece de la nada, y que, desde el momento en que nace, se alimenta de eso, de más nada. Detiene la función, y vuelve el tiempo en nuestra contra. Sigue corriendo, el tiempo sigue corriendo, exactamente a la misma velocidad de antaño, exactamente en la misma dirección, pero ahora nos pesa. Ahora la función cae. Rápido. 

                    Ya estamos muertos.

martes, 3 de noviembre de 2015

11:05 y sin tabaco.

Pero es muy pronto para salir a la calle, para embarcarse en esa aventura, así que opto por romper el hermetismo de mi bunker: subo la persiana y abro la ventana. Luz, aire. Y siento. El viento me eriza los pezones, la luz me disminuye las pupilas. Todo se encoge.
Y siento -lo de siempre-, que todo merma, se aleja, se hace más y más pequeño y vuelve a caberme en el agujero del pecho, desde el que, otra vez, la angustia empieza a crecer.
Necesito tabaco. Necesito fumar para sentir como el fuego consume el cigarro, el tiempo y la náusea, que ya es arcada, y que como ave fénix no hace más que renacer de sus cenizas.

domingo, 18 de octubre de 2015

Exilio

Sólo quiero que recojas y te pires.
Y tú, y tú, y tú.
Y tú tbn.

Parar, parar el mundo. Tumbarme en la cama, hacerme una bola y vomitarme en sal y hiel hasta la disolución absoluta. Desaparecer para volver a moverme con todas esas cosas que se movían durante mi no-ser, que se murieron durante mi no-ser,  y que ya no existen. (No para mí).

Libertad. Porque los sentimientos ajenos son un engorro y porque como es bien sabido, la felicidad no existe.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Filosofía barata

Yo a mis doce no tenia un diario, tenia un cuaderno. Era tan pequeña que aún escribía a lápiz y tan humana  que ya tenía secretos. Y sin embargo, renuncié al candado. Quizá porque ya hubiera oído eso de 'yo soy yo y mis circunstancias' y supiese que siempre estamos solos, terriblemente solos. Que aunque las circunstancias coincidan ni tu puedes ser otro ni otro puede ser tu y que, por tanto, nadie puede entenderte. Que la única disculpa valida capaz de concederte redencion es la que te das a ti mismo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Sexo, drogas y rock&roll

Como cuando te pasas la noche bailando, yuxtaponiendo tus miembros entre los de otros cuerpos yuxtapuestos. Ese chocar continuo para abrirte hueco entre una multitud aunada en el sonar estruendoso de los altavoces. Pares de brazos agitandose al unísono, demasiado cerca. Movimientos frenopáticos de caderas y vientres que, también demasiado cerca, ondean, vapuleandote.  Y no queda más remedio que rendirse a la evidencia, que aceptar que no formas parte del gran monstruo, que el monstruo eres tú.

Pues como después de una de esas noches en las que cuando llegas a la cama descubres que allí tampoco encajas y, ya dormido, libras una bestial batalla somiercolchonsabanasalmohada---tú. Y te despiertas solo, con el cuerpo magullado y el dolor de cabeza propio de una resaca amarga. Pues como una de esas noches, pero sin nada de eso. Uno de esos días en los que al despertar, sabes que tu único enemigo has sido tú. Que lo que lleva aplastandote toda la noche es la pena.