lunes, 14 de septiembre de 2015

Sexo, drogas y rock&roll

Como cuando te pasas la noche bailando, yuxtaponiendo tus miembros entre los de otros cuerpos yuxtapuestos. Ese chocar continuo para abrirte hueco entre una multitud aunada en el sonar estruendoso de los altavoces. Pares de brazos agitandose al unísono, demasiado cerca. Movimientos frenopáticos de caderas y vientres que, también demasiado cerca, ondean, vapuleandote.  Y no queda más remedio que rendirse a la evidencia, que aceptar que no formas parte del gran monstruo, que el monstruo eres tú.

Pues como después de una de esas noches en las que cuando llegas a la cama descubres que allí tampoco encajas y, ya dormido, libras una bestial batalla somiercolchonsabanasalmohada---tú. Y te despiertas solo, con el cuerpo magullado y el dolor de cabeza propio de una resaca amarga. Pues como una de esas noches, pero sin nada de eso. Uno de esos días en los que al despertar, sabes que tu único enemigo has sido tú. Que lo que lleva aplastandote toda la noche es la pena.

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